En el presente trabajo me permito el lujo y el atrevimiento de entrar en un jardín que no es el mío. Un jardín siempre hermoso y fascinante para mí: la lingüística.
Terminamos la edición anterior comentando que en la ciudad de Córdoba (España), su puente romano, con un diseño no adecuado para evitar la formación de remolinos en torno a los pilares o el amontonamiento de restos sólidos que estrangulan la circulación del agua a su paso bajo el puente, sigue en pie y en uso, por lo que es imposible no admirar el ingenio de la ingeniería romana.
Y, como se dijo entonces, el otro gran regalo del imperio romano es el latín, su lengua. Consolidada en Roma, epicentro del imperio, y recordando que no existían entonces ninguna de las fronteras actuales salvo las geográficas físicas, con la expansión del imperio se expandía una lengua común casi de forma concéntrica, como capas de cebolla. Ese latín recién llegado a cada capa (con influencia del habla de los habitantes de la capa anterior), aunque dominante, se mezcla con el habla de los habitantes de la nueva capa de cebolla. Y con el tiempo y el uso de ahí nacen las distintas lenguas denominadas romances, todas ellas descendientes del latín. Por eso el catalán y el valenciano nos suenan afrancesados. Ese latín siguió expandiéndose a la franja central de lo que hoy es España, como origen del actual castellano. Y al expandirse un poco más hacia el exterior de Roma, ese latín mestizo llegó al oeste de la península ibérica y es por ello que nos suenan tan similares el gallego y el portugués. Y mientras todo esto iba evolucionando, se inicia a principios del siglo V la caída del imperio romano a manos de los bárbaros, sin entrecomillar. Estos pueblos bárbaros llegaron al imperio huyendo de los hunos. Eran estos hunos una confederación de pueblos nómadas y seminómadas de varios grupos étnicos con origen en la estepa de Asia Central, junto a los grupos conquistados, siendo su último y más poderoso rey Atila (-/453), con el sobrenombre de “Azote de Dios”. Aquel que por donde pasaba no volvía a crecer la hierba. Pues desde el Asia Central los hunos se expandieron por Europa Central hasta el mar Báltico, al norte, y los Balcanes en el sur. Y los dos grandes pueblos que habitaban esos territorios no tuvieron otra salida que huir hacia el oeste: los visigodos decidieron pactar con el Imperio de Roma y los bárbaros optaron por invadir los territorios a su paso, que pertenecían al Imperio.
En concreto, en la Hispania romana, los bárbaros que llegaron en el 409 eran vándalos y suevos, de origen germánico, junto con alanos, étnicamente iranios. Tras años de reparto, el Imperio de Roma consiguió arrebatarle la península a estos bárbaros a manos del ejército visigodo, pueblo de origen también germanico que, recuperado el territorio, actuó de forma autónoma. Así, cuando cae el imperio romano de occidente en el 476, la península ibérica estaba prácticamente en manos de los visigodos, con salvedades:
- la actual Galicia y norte de Portugal en manos de los suevos, que consiguieron pactar con los visigodos en lugar de seguir luchando hasta perder como vándalos y alanos;
- la cornisa cantábrica, adonde nunca llegó el Imperio, que seguía dominada por los pueblos prerromanos, cántabros y vascones principalmente, a los que se unieron los astures;
- y en el sur de la península ya había asentamientos del Imperio Romano de Oriente, asentamientos bizantinos.
Así que las capas de cebolla de la época romana empezaron a convivir con el habla de pueblos germánicos aliados del imperio, que se comunicarían en alguna versión mestiza del latin extendido hacia el este europeo… tal vez de ahí que el castellano tenga en común con el alemán el ser lenguas fonéticas, en las que se lee como se escribe, nada propio del francés (y no digamos del inglés).
Y en éstas, llegó a la península el islam por el sur desde África, desde el otro lado del estrecho de Gibraltar, en el 711. Fue ascendiendo en territorios sin alcanzar la cornisa cantábrica y sólo rozando los montes pirineos. Y a partir de ahí, retrocediendo hasta la conquista de Granada en 1492 por parte de los Reyes Católicos. El territorio ibérico ocupado por el islam, variable a lo largo del tiempo, era conocido como al-Ándalus. Y en el sur peninsular permaneció dominante durante casi ocho siglos. Este sur abarca la actual Andalucía junto con el Algarve portugués y el sur tanto de Extremadura como de las provincias de Ciudad Real y Albacete.
Comenzó el islam en el 622 con la Hégira, la huida del Profeta a La Meca. A la muerte de Mahoma, surgieron los califatos como modo de gobierno para los territorios convertidos a la nueva religión monoteísta. Fueron cuatro los califatos a lo largo del tiempo, desde el 632 (con el inicio del Califato Ortodoxo, con capital en Medina y califas elegidos por los musulmanes) hasta que la actual República de Turquía (nacida el 29 de octubre de 1923), en su reforma constitucional de 1926, abolió el Califato Otomano, último de ellos, cuya capital se situaba en Estambul. En una próxima ocasión se podría analizar cómo, cuándo y de dónde vinieron a la península los distintos pueblos de Alá, características similares o genuinas: ahora se quiere hacer notar que provenían del Califato Omeya, segundo de los cuatro en el tiempo (ya desde entonces de carácter hereditario), con capital en Damasco y que, cuando éste cayó y fue sustituido por el Califato Abasida, de forma independiente o informal se mantuvo el Califato Omeya en pie con su capital en Córdoba (España) desde el 939 al 1031. Hoy nos centramos en la aportación de ese islam a la actual lengua castellana, más de 4000 vocablos según la Real Academia Española (RAE).
En Castilla, con el paso de los siglos, el respeto a la lengua se ha interpretado como mantener la pronunciación lo más parecida posible a la grafía correspondiente del momento evolutivo: ya nadie dice facere pero es que ya no se escribe facere…ha dado lugar a hacer. En Andalucía, tantos siglos de convivencia con el moro, ese musulmán llegado por Africa, han relajado el habla: se aspira la “h” y se es incapaz de pronunciar correctamente el fonema “j” castellano rotundo, la “s” de suaviza, se relaja la musculatura facial al pronunciarla y, entre otros, se produce el fenómeno de rotación del sonido “s” con el fonema “z”. En toda Andalucía hay zonas donde se produce el ceceo (pronunciarlas todas como zeta) y zonas donde se practica el seseo (pronunciarlas todas como ese), siendo esto último típico de la ciudad de Sevilla. Ciudad donde pronto se instaló la Aduana desde donde partían y llegaban los barcos del nuevo mundo al viejo continente. El resto de europeos venían a la metrópoli del momento, Sevilla, para trabajar en cualquier cosa que no requiriese dominio de ningún oficio ni idioma. Éste era el modo, tras meses de trabajo, de poder conseguir lo suficiente para un pasaje a hacer las Américas. El español que aprendieron lo aprendieron trabajando en Sevilla, así que el acento que viajó al nuevo mundo en los primeros dos siglos tras su descubrimiento es el acento sevillano, el seseo que, de algún modo, constituye la lengua “paterna” que no materna de Hispanoamérica, ya que la mayoría de las madres eran nativas.
Pues bien, como la fonética andaluza se ha visto influenciada y distorsionada, que no contaminada, por las lenguas árabes, el respeto a la lengua ha sido siempre interpretado en este sur como no dejar que los vocablos caigan en desuso. Sin embargo, en contra de esta larga tradición que se ha mantenido desde siempre hasta los últimos años 90, han surgido dos fenómenos en las últimas décadas:
- De un lado, la globalización: el conocimiento del mundo a través de qué cuenta cualquiera en redes sociales sin supervisión ni responsabilidad; el empleo de un uso del lenguaje lo más simple posible en las televisiones y prensa para llegar a cuanto más público mejor, aunque no quiera pensar; el ocio cada vez más asociado a la tecnología que nos aleja cada vez más de la lectura de nivel literario; y también los cambios de planes educativos que tanto hacen para que los infantes dominen idiomas e informática a costa de recortar inevitablemente otras materias. Todo ello ha reducido mucho el vocabulario medio de los españoles. Y la música exitosa que más se escucha entre los más jóvenes y los no tanto lo están dejando en menos de 500 vocablos: es sabido que el actualmente muy aclamado Bad Bunny, portorriqueño con 3 Grammy y 17 Grammy latinos, actuó en el intermedio de la edición 2026 de la Super Bowl, máximo honor musical de marketing en USA. Decía Donald Trump que como cantara en español ellos no le iban a entender… entre las muchas cosas que Trump ignora, ignora que los españoles tampoco le entendemos: esta figura clave de la música latina más actual, con millones de reproducciones en Spotify y YouTube, tiene canciones tan interesantes como “NUEVAYoL” cuya música, más que la letra, podrán disfrutar en el siguiente enlace < https://youtu.be/s4ftEdW2wdo?is=lW66vOgXQqLXAoOk >
- De otro lado, desde que las ultraderechas europeas, y no sólo europeas, avanzan y culpabilizan al moro de todo lo malo que pasa, que pasó y que pasará a raíz de la caída de las Torres Gemelas de Nueva York en 2001, no se van a destrozar las joyas arquitectónicas que el moro nos dejó: el monumento más visitado del mundo es la Gran Muralla China, con 10 millones (M) de visitas en 2024, pero como casi la totalidad es turismo interno, no cuenta en las estadísticas globales. En estas estadísticas, en 2025 el monumento más visitado de Europa, la Torre Eiffel en París, recibió 6,75 M; el más visitado de España, la Sagrada Familia de Barcelona, recibió casi 4,9 M, con un 64% de visitantes extranjeros. Con estas cifras y dado que Andalucía está comenzando a sufrir la turistificación fuera de sus costas playeras justo ahora, las cifras de visitantes a los principales monumentos, todos andalusíes, son las siguientes para el mismo ejercicio 2025: 2,19 M en la Mezquita de Córdoba; 2,22 en el Real Alcázar de Sevilla; y 2,72 M para la Alhambra de Granada. Es un patrimonio a cuidar por su importancia, belleza y atractivo turístico. A nadie se le ocurriría ahora agarrar pico y pala para destruirlos. Pero ese miedo al moro, o vergüenza de tenerlo en las venas, sí permite que muchos vocablos andalusíes no hayan sobrevivido a la ruptura de la tradición de mantenerlos en uso… pero perviven en el cono sur iberoamericano…
El corresponsal en España de esta revista, Eduardo A. Yaglian, intenta en muchas conversaciones explicarme conceptos que él cree que son propios de su país y desconocidos en el mío, sólo porque no las ha escuchado en sus años aquí. Aunque en casa de mis padres se han usado siempre. No las ha traído él de allí… hace siglos llegaron allí desde aquí. Y aquí, ya no están…
A continuación, un breve listado de palabras andalusíes, y por tanto de origen árabe, que en el sur de España han dejado de emplearse en este siglo XXI y que todavía disfrutáis en el cono sur:
AJONJOLÍ
Del ár. hisp. aǧǧulgulín, y este del ár. clás. ǧulǧulān.
- Planta herbácea anual de la familia de las pedaliáceas, de un metro de altura, tallo recto, hojas pecioladas, serradas y casi triangulares, flores de corola acampanada, blanca o rósea, y fruto elipsoidal con cuatro cápsulas y muchas semillas amarillentas, muy menudas, oleaginosas y comestibles.
Ahora en España se emplea “semillas de sésamo”.
ALCANCÍA
Del ár. hisp. *alkanzíyya, este del ár. clás. kanz ‘tesoro’, y este del pelvi ganǰ.
- Vasija, comúnmente de barro, cerrada, con solo una hendidura estrecha hacia la parte superior, por donde se echan monedas que no se pueden sacar sino rompiendo la vasija.
Hoy ya no son de barro sino de hojalata o de plástico y con un tapón, para poder hacer trampas, y en España le dicen hucha.
ALCAUCIL
Del ár. hisp. alqabsíl[a], este del mozár. *kapićéḻa, y este dim. del lat. hisp. capitia ‘cabeza’, por alus. a su forma.
- Alcachofa silvestre
Ya sólo se usa alcachofa en su lugar, tanto para la auténtica alcachofa, el corazón, como para el alcaucil completo.
ALMANAQUE
Del ár. hisp. almanáẖ ‘calendario’, y este del ár. clás. munāẖ ‘alto de caravana’, porque los pueblos semíticos comparaban los astros y sus posiciones con camellos en ruta.
- Registro o catálogo que comprende todos los días del año, distribuidos por meses, con datos astronómicos y noticias relativas a celebraciones y festividades religiosas y civiles.
En España se utiliza calendario o incluso schedule…
DAMASCO
De Damasco, de donde se importaron estos artículos.
- Tela fuerte de seda o lana y con dibujos formados por el tejido.
- albaricoquero.
Ya sólo se emplea albaricoque.
ZAGUÁN
Del ár. hisp. istawán, y este del ár. clás. usṭuwān[ah].
- Espacio cubierto situado dentro de una casa, que sirve de entrada a ella y está inmediato a la puerta de la calle.
Ahora en España se ha sustituido por la sofisticada palabra “entrada”.
Y para terminar de ejemplificar, os dejo con el que, a mí parecer, es el vocablo más hermoso que el andalusí nos ha regalado:
ORIENTAR
De oriente.
- Fijar la posición o dirección de algo respecto de un lugar, especialmente un punto cardinal.
- Dar a alguien información o consejo en relación con un determinado fin. U. t. c. prnl.
- Dirigir o encaminar a alguien o algo hacia un lugar determinado. U. t. c. prnl.
No perder el norte, como decían los marinos del Mare Nostrum (actual mar Mediterráneo), en al-Ándalus era una única palabra: mirar a la Meca, que nos queda hacia oriente… y en esa meditación, ese rezo y esa conversación con uno mismo, dejar de estar perdido y encontrar el camino a seguir… orientarse…
REFERENCIAS
Real Academia Española < rae.es >
Wikipedia < https://es.wikipedia.org >
