El corsario argentino

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Aunque nacido en Francia, tuvo activa participación en las luchas por la Independencia argentina, colaboró en la emancipación de Centroamérica y combatió a los españoles en los más remotos mares del mundo.

No pocos franceses llegaron a las costas del Río de La Plata en época de la emancipación americana, en aquellos turbulentos años de comienzo del siglo XIX: el más conocido, por su relevante participación en la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas, fue, sin dudas, Santiago de Liniers (vaya paradoja, más tarde ejecutado por contrarrevolucionario en Cruz Alta), pero no le fue en zaga Hipólito Bouchard, quien al comando de la fragata La Argentina, y enarbolando la bandera celeste y blanca, diezmó a flotillas españolas en aguas del Pacífico y del lejano Océano Índico.

Nacido el 15 de enero de 1780, en el minúsculo pueblo de Bormes, próximo a Saint Tropez, en la Riviera francesa, Bouchard se incorporó muy joven a la Armada de su país. Llegó a Buenos Aires en 1809 y enseguida formó parte del grupo libertario que abrevó en los ideales de la Revolución Francesa; cultivó amistad con Mariano Moreno y pronto ofreció sus servicios a la Primera Junta, que lo nombró segundo comandante de la recién creada flota nacional que comandaba el irlandés Guillermo Brown. Su bautismo de fuego no fue auspicioso: derrota en el combate de San Nicolás de los Arroyos. Entonces probó suerte con fuerzas terrestres y se alistó en el Regimiento de Granaderos a Caballo participando en el combate de San Lorenzo (3 de febrero de 1813), donde logró arrebatar una bandera a los realistas, acción que le valió el reconocimiento del general San Martín.

Sin embargo, el destino de Bouchard estaba en ríos y mares. Su oportunidad llegó cuando las Provincias Unidas lograron integrar una flota de mayores pretensiones para enfrentar las incursiones españolas en el Paraná y en el río de la Plata. Integró así, junto a Brown, Tomás Espora y Juan Bautista Azopardo, el selecto grupo pionero que dio nacimiento a la marinería argentina. Bouchard, ya fogueado en lides de guerra, participó en los combates de Juncal, Los Pozos, Quilmes y Martín García. Cuando, finalmente, esas aguas quedaron libres de la presencia realista, integró la escuadra encargada de hostilizar a los españoles en el Pacífico, a la vista de la costa chilena, mientras San Martín, en Mendoza, preparaba el cruce de Los Andes. Bouchard contribuyó así, con suerte diversa, a la campaña libertadora:  capturó una fragata española y participó en la batalla frente al puerto de El Callao que posibilitó la independencia de Perú.

A partir de allí, comenzó otra etapa en la vida de Bouchard. Se apropió de una nave española capturada frente a la costa peruana,  a la que bautizó La Argentina y obtuvo del gobierno de Buenos Aires la patente de corso (algo común en aquel tiempo) que lo convirtió, por adopción, en el primer corsario argentino. Acá conviene aclarar, para evitar odiosas comparaciones con la “piratería”, que la “patente de corso” (del latín corsus, carrera), la otorgaban algunos países a marinos destacados que ofrecían sus servicios al gobierno respectivo. El “corso” (término del que deriva “corsario”) tenía una retribución determinada y una parte de las ganancias por las naves capturadas o los territorios conquistados. Hay razón para pensar que Bouchard no practicó la piratería; por el contrario, los hechos históricos demuestran que fue respetuoso de las leyes del mar.

Terminada su faena en Perú, enfiló La Argentina rumbo al Pacífico norte, combatió en las costas ecuatorianas y centroamericanas y llegó hasta California donde destruyó una batería costera española e izó en el lugar la Bandera argentina. La participación de la flota comandada por Bouchard, fue decisiva en la emancipación de las repúblicas centroamericanas (15 de septiembre de 1821), y algunos historiadores sostienen que las banderas de esos cinco países (El Salvador, Costa Rica, Guatemala, Honduras y Nicaragua) incluyen en sus colores el celeste y blanco en reconocimiento a la colaboración de los marinos argentinos.

En otra etapa de su vida novelesca, Bouchard navegó el océano Índico, las costas de Madagascar (donde desbarató una operación de tráfico de esclavos), India, Filipinas, Borneo, Java, Macasar, las Célebes y el archipiélago de La Sonda. Bloqueó la isla filipina de Luzón, centro del poder español en el mar de la China, donde hundió 16 barcos, abordó otros 16 y apresó a 400 marinos realistas.

En las islas Hawai se registró un episodio insólito cuando Bouchard visitó al rey Kamehameha y le informó que las Provincias Unidas habían declarado su independencia en 1816. El soberano, sin dudarlo, ordenó el inmediato reconocimiento “de tan augusto acontecimiento”.

Tal, en síntesis, la hazaña de este marino, francés de nacimiento pero muy argentino por adopción, quien se aquerenció en nuestro país y el que prestó un trascendente servicio.

Bouchard no volvió a Francia. Sentó residencia en Perú y se dedicó al comercio. Por causas que nunca se esclarecieron murió asesinado en 1843. Hoy, calles, plazas y escuelas diseminadas en toda la geografía argentina recuerdan su nombre, “argentinizado” como Buchardo.

 

MERECIDO HOMENAJE

El balneario francés de Saint Tropez, donde Hipólito Bouchard pasó buena parte de su infancia, fue centro de homenaje al marino con un acto de adhesión al Bicentenario de Mayo de 1810. La ceremonia se realizó en un salón ambientado al estilo del porteñísimo Café Tortoni, donde hoy se exhiben cuadros alusivos a Bouchard, considerado un héroe en Saint Tropez. A tal punto llega la admiración por el marino, que mereció la presentación del libro “El gran capitán Bouchard, corsario de la libertad”, de los escritores franceses Pierre Fabre y Hubert Jacquey.

Acerca del autor

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Emiliano Nicola

Emiliano Luis NICOLA. Nacido el 10 de abril de 1937. Ejerció como periodista deportivo en los diarios Córdoba y Los Principios, en las radios LV2 y LV3 y en Canal 12 donde también fue co-conductor del programa Teledinamica. A partir de 1978 se incorporó a la Redacción de La Voz del Interior desempeñándose como Redactor, luego Prosecretario, Secretario de Redacción y Prosecretario General de la Redacción hasta su jubilación en 2002.
En 2003 funda y dirige la revista mensual Nosotros de la que se retira en 2012.

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Emiliano Luis NICOLA. Nacido el 10 de abril de 1937. Ejerció como periodista deportivo en los diarios Córdoba y Los Principios, en las radios LV2 y LV3 y en Canal 12 donde también fue co-conductor del programa Teledinamica. A partir de 1978 se incorporó a la Redacción de La Voz del Interior desempeñándose como Redactor, luego Prosecretario, Secretario de Redacción y Prosecretario General de la Redacción hasta su jubilación en 2002.
En 2003 funda y dirige la revista mensual Nosotros de la que se retira en 2012.